Aves sin nido

AVES SIN NIDO Lucia acortó las fórmulas de la despedida em– pleando soló una inclinación de cabeza, y viendo salir á aquellos hombres despues de dejar la más honda impresión en su alma de ángel, se decía tem– blorosa y vehemente: - No, no; ese hombre insulta al sacerdocio cató– lico, yo h~ visto en la ciudad seres superiores, lle– vando la cabeza cubierta de canas, ir en silencio, en medio del misterio, á buscar la pobreza y la or– fandad para socorrerla y consolarla; yo he contem– plado al sacerdote católico abnegado en el lecho del moribundo; puro ante el altar del sacrificio; lloroso y humilde en la casa de la viuda y del huerfano; le he visto tomar el único pan de su mesa y alargarlo al pobre privándose él del alimento y alabando á Dios por la merced que le diera. Y ¿és ése el cura Pas– cual ?.... ah! curas de los villorriosI.. ..El otro, alma fundida en el molde estrecho del avaro, el goberna– dor, tampoco merece la dignidad que en la tierra ro– dea á un hombre honrado. Márchense en buena hora que yo sola podré bastarme para rogar á mi Fer– nando, y llevar las flores de la satisfacción á nuestro hogar! Cinco campanadas tañidas por la campana de fa– milia anunciaron á Lucía ]as horas trascurridas, y la notificaron que la comida estaba servida. La esposa del señor Maríu, con los carrillos en – cendidos por el calor de sus impresiones, atravesó varios pasadizos y llegó al comedor, donde tomó su asiento de costumbre.

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