Aves sin nido
29(). AVES SIN NIDO aristas, ora como golondrinas que pasan rozando las veredas ·con sus negras alaA. XXXIII La 1una en sus primeras horas de ipenguante, sus- .pendida en un cielo sin nubes, derramaba su platea– da luz, que si no dá calor ni hiere la pupila como los rayos solares, empapa la naturaleza de una melanco– lía dul~e y serena; y brinda una atmósfera tíbia y olorosa en esas noches de Diciembre, creadas para los coloquios del amor! . Manuel consultaba con frecuencia su reloj de oro, inquieto y pensativo. Los punteros marcaban .la hora, y tomando su sombrero salió con paso acelerado. La sala azúl del «Imperial» profusamente ilumi– nada por elegantes ~rañas de cristal, tenía las mam– paras de la puerta abiertas de par en par. Margarita recostada en uno de los asientos inme– diatos á la.mesa y las flores, jugaba con la orla de un pañuelo blanco con el' pensamiento trasportado al cielo de sut; ilusiones, y ·el silencio más imponen te reinaba en su rededor. Cuando asomó Manuel á la puerta, ella cambió · de posición con ligereza, y su primera mirada se di· rigió á lP.: alcoba donde, sin duda, estaba Lucía.
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