Aves sin nido

CLOP.INDA MATTO DE TURNER 23 cuyo corazón tembló de temor. Las cortas frases · cambiadas entre ellos habían puesto en transparen– cia el fondo moral de aquellos hombres, de quienes nada debía esperar, y sí temerlo todo. Su plan fué desconcertado en lo absoluto; pero su corazón quedó interesado de hecho por la familia de Marcela, y estaba re.suelta á protejerla contra todo abuso. Su corazón de paloma sintió su amor propio herido y la palidéz sombreó su frente. En aquel momento era precisa una salida decisiva, y ésta la halló Lucía en la energía con que respondió. -Triste realidad! señores! Y bién! . Vengo á per– suadirme a~ q.ue el vil interés ha desecado tambien las· más hermosas flores. del sentimiento de humani– dad en estas comarcas, donde creí ha.llar familias patriarcales con el. amor de hermano á hermano. Nada hemos dicho; y la familia del indio Juan no solicitará nunca, ni vuestros favores ni vuestro am– paro.-Al decir estas últimas palabras con calor, los hermosos ojos de Lucía se fijaron, con la mirada del que dá una órden, en la mampara de. la puerta. Los dos potentados de Killac se desorientaron con tan inesperada actitud, y no viendo otra salida pa– ra reanudar una discusión de la que, por otra parte, estaba en sus intereses huír, tomaron sus sombreros. -Señora Lucía, no se dé por ofendida con esto, y créame siempre su capellán-dijo el cura, dando una vuelta al sombrero de paja que tenía entre las ma– nos; y don Sebastian s~ apresuro á decir secamente: -Buenas tardes; · señora Lúcía .

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