Aves sin nido

tiORINDA MATTO DE TURNER 285 tornó á decirse-en el fondo del amor supremo y sa– tisfecho; duermen enroscados como una víbora; en la superficie de un amor vulgar se arrastran y muer– den eón su veneno, ¡que no despierten mis celos! nó, Ó' • h ' M· ºt ' n . -- ¡yo amo mue o a (;t,rgan a......... . Los pasos de Manuel resonaron en el patio del «Hotel Imperial,,, y aquel sonido hizo estremecer el alma de Margarita. ¿Por qué razón la mujer que ama, conoce no solo el sonido de los pasos de su amante, sino que siente el perfume de su aliento á la distancia; y el eco de su voz vibra sonoro entre multitud de otras voces? ¡Misterios de esa corriente magnética que une las alma.s sacudiendo el organismo! El portón de vidrios jiró sobre su·s bisagras; el viento agitó ligeramente los finos cortinajes, y Ma– nuel apareció en la sala azul con el porte más dis– tinguido y simpático. -¡Sí, era él! - se dijo Margarita, que estaba pa– rada junto á una mesa con tablero de mármol, so– bre la que se alzaba. un enorme jarrón de porcelana de la China lleno de juncos y jazmines que perfu– maban la atmósfera. -¡Señora! Señor,-dijo Manuel alargando la ma– no á quienes se dirigía. -¡Don Manuel! - respondieron casi á un·a voz los esposos Marín, estrechándole la mano, á s_u vez. -¡Margarita. mía! ..... . -Manuel, ¿has llegado? ..... . Los dos jóvenes iban á abrazarse, y un algo los 30

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