Aves sin nido

CtORINDA MATTO DE TURNÉR 283 mero sorprendente de huérfanos en la cas~ de exp6- sitos!- ¡Ah! ¡Fernando mío! ...... yo sé que la mujer del pueblo no arroja así á los pedazos de sus entra- . ñas; ... sé que no tiene necesidad de arrojarlos, por- que esos miramientos sociales que ponen la careta de la virtud :finjida, nada, nada de familiar tienen entre la. madre del pueblo y el hijo nacido del acaso ... 6 del crímen! --¡Fernando, perdone Dios mi mal pensa– miento; pero esta idea ha sugerido en mí tristes, tris– tísimos pensamientos; recordando, sin quererlo yo, el secreto de Marcela! ..... . Don Fernando escuchaba atento y sorprendido aquel razonamiento de moral filosófica. E staba abis– mado por la lucidéz de una alma grande, cuya su– perioridad acaso ignoraba hasta aquel momento; rei– nó el sBencio junto á los esposos, hasta que, él sus– piró con igual pena que Lucía, diciendo: - ¡Tambíen la miseria abre, á veces, los buzones de las casas de expósitos! - se acerc6 á su esposa y bes6 la frente de la que pronto iba á ser la madre de su primojénito. XXXI Manuel hizo un viaje de todo punto feliz. Parecía que los dioses alados del Amor y el Himeneo -hu– biesen soplado su aliento de ámbar sobre los nevados y los pajonales que recorrió en el ferrocarril, igno.

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