Aves sin nido

282 AVES SIN NIDO trada á cada paso p0r la autorizada palabra de don Fernando, á quien ésta dijo: -Te declaro, Fernando mío, que ésta sería man– si6n celestial sin los inconvenientes morales que he notado con mi simple experiencia. - Los sé hijita, de antemáno, los sabía: el incon– veniente que presenta en el espíritu para quedarse en .cualquier parte, la ansiedad de llegar á Lima, á ese foco de luz que cautiva á todas las mariposas del Perú; verdad que es invensible. -Me gusta tu lógica Farnando, pero no has dado en la clave;-repuso Lucía riendo y dándole una pal– mada en el hombro. - ¿No? ... pues dime en tal caso- ¿qué es lo que más á cautivado tu atención? -A mí. dos cosas me ha.n llamado la atención;– repuso Lucía con llaneza, llevándose el pañuelo pa– ra enjugar sus lábios lijeramente humedecidos por su risa.. - ¡Ah! .... ¡ya las sé .... picarona! .... -coutestó don Fernando devolviendo la palmadita de afecto. · D' ' .l ? d' . -¿ i cua es ..... y cuenta que ...... no a ivmas. -Será la cantidad de frailes de todos colores que transitan por las calles. -Pues te fuiste á Roma, hijo. -Y ¿qué? ... Lucía se puso grave, reconcentró su espíritu co– mo evocando algo lejano, lanzó un suspiro del fondo de su corazón, y dijo: - ¡Lo que más ha llamado mi atención es el nú-

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