Aves sin nido
CLORINDA MATTO D:E TURNER 281 za con el ardor de los sentimientos, leyendo, en esa pregunta todo el poema de los recuerdos del corazón virginal y contestó. -Él mismo te lo dirá cuando llegue. -¿Aquí lo esperamos? - Sí, pues, hija;- aseguró don Fernando toman- do parte en las confidenciafi de la madrina y la ahi– jada. Rosalía fué á abrazar las rodillas del señor Marín, diciendo: -Dáme, pues, otra galleta .. El sirviente apareci6 en la puerta conduciendo al carretero con los equipajes............................ ; ... . • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • ... • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • !' •••••••••• Ocho días fueron sufiéientes para que los viajeros conocieran la gran ciudad, observándolo todo; ·escru– driñando sus tendencias y costumbres, con la proliji– dad propia del que viaja con aquellos conocimientos rudimentarios, pero de propia convicción, que van á explayarse ante el libro abierto de la instrucción, ad– quirida en la escuela práctica del gran mundo. Calles anchns y rectas mal empedradas; templos de construcción morisca y variada, de asfaltos y tra– quitas enfriadas 6 petrificadas por el transcurso de los años; mujeres bellas como una leyenda de oro; campesinas robustas con todo el candor de su alma pintado en el semblante; casas de judíos con anun– cios de compra y venta; teatros en camino de su en– sanche civilizador; todo vieron y juzgaron . .Nada es– capó á la miscroscópica observación de Lucía, ilus-
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