Aves sin nido

280 AVES SIN NIDO mando esquinas; las puertas y ventanas, cubiertas con cortinages blancos como el armiño, coronados por un sobrepuesto de brocatel grana y cenefa dora– da recojida por cordones de seda. El piso, cubierto con ricos alfombrados de Bruselas, formaba un con– traste agradable con los muebles, estilo Luis XV, entapizados con borlón de seda azul opaco, multi– plicados por dos enormes espejos que cubrían casi el total de la testera derecha. -Esta es la sala de recibo;-¿agrada á la señora? -dijo Monsieur Petit, inclinándose con reverencia exagerada. -Sí, el azul es mi color favorito; yo estaré con– tenta acá;-respondió Lucía al hotelero que era Mr. Petit. -¿Ese debe ser dormitorio?- preguntó don Fer– nando señalando una puerta de comunicación. -Exactamente, mi señor; aquí hallan toda co– modidad y buen servicio los pasajeros que hacen la gracia de honrar el «Hotel Imperial»; - contestó Mr. Petit con toda la urbanidad de un francés, reco– men.dando su hospedaje. -Así lo esperamos. -Si algo necesitan, mi señor, mi señorita, ese cordón es del llamador;-ad virtió el hotelero, se in– clinó y salió. Margarita, que escudriñaba cuanto veía, preguntó con candorosa sencilléz. -¿Ma~rina, qué habría dicho de esto Manuel? Lucía se sonrió con la sonrisa de la madre que. go-

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