Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNl!llt 279 -- ¡Qué hermosa campiña! ¡qué linda ciudad! - dijo Lucía asomando más la cabeza á las ventanillas. -Parece una paloma blanca reposando en su nido de sauces y moreras; - agregó el señor Marín, á quien preguntó su esposa. -Fernando, ¿es la segunda ciudad del Perú? ¿qué tales serán sus habitantes? -Sí, hija, la segunda; y su belleza solo es com– parable con la bondad de sus hijas; gozarás mücho durante los días que hemos de quedarnos;- contes– tó don Fernando; y la campana con su toque de es– quilón avisaba que entraba el convoy en la estación principal, donde aguardaba un gentío considerable, pues el alambre telegráfico ya había comunicado la noticia del siniestro, y la curiosidad convocó cente– nares de personas. . Abiertos los coches, bandadas de granujas se pre– cipitaron sobre ellos en demanda de equipajes, con– fundiéndose los pasajeros del tren con los del ferro– carril de sangre, que recorriendo una línea conve– niente condujo á don Fernando Marín y su familia hasta la puerta misma del «Gran Hotel Imperial,J> donde se apearon todos. XXX Entraron en una sala espaciosa, cuyas ·paredes es– taban empapeladas con un papel color sangre de toro con dorados, y grandes pilastras, de oro tambien for-
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