Aves sin nido
218 AVES SiN NIÍXJ ñuelo la sangre que brotaban los labios de Rosalía á causa de un golpe recibido en la ·boca. Oh D. r • 11 h.· ' ' · b · ' -t , por 10s .-,ca a IJa mia .... 1 po recita .... -agregó don Fern.ando llegándose á la chiquilla con un paquetito de galletas de Arturo Field, que puso en sus manos. -Todavía tardaremos cinco horas;-- dijo el capi~ tan de artillería. -Estas cosas solo en el :f erú pasan, en otra par– te lo desuellan al gringo;- observó el comerciante en cochinilla. -No me ha vuelto aún el alma al cuerpo. -Ni á mí, ¡Jesús! -dijeron las dos mujeres. Y el tren seguía su marcha rápida y acompasada como.si no hubiese sufrido la catástrofe aquella. El silbato se dejó oir otra vez con insistencia. --¿Otro siniestro? -preguntaron varias personas sorprendidas. - N 6; ést.a es la segunda estación de la ciudad; dán la señal de llegada; -aclaró el militar. ·-¡Jesús! ¡cómo se pone el cuerpo nervioso con los sustos!-observó Lucí a. - - Es que la cosa ha sido séria; - contestó don Fernando. Al poco momento los viajeros señalaban por las rotas ventanillas un punto blanco en medio de un panorama de verdor vivo y alegre. · - ¡La ciudad!!-exclamaron varios. Y el silbato volvió á gritar, como el animal aguijoneado por una arma punzante.
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