Aves sin nido

.CLO.RINJJA '.MH"ro .l.>E '.l.'URNlnt 273 -Que uo tardes, que no tardes ...... francamen- te, muchas esperanzas me dá tu marcha ...... ¿Lle- vas el reló ?- contestó don Sebastian despidiendo á Manuel, que salió para ir á descansar en su cuarto, pues, al rayar la aurora; en alas de sus esperanzas; y con el brío de su edad·, iba á emprender el mismo camino por donde días ántes vió partil- á su gentil ·Margarita. Isidro Champi, acompañado de su fiel Martina y seguido por Zambito y Desertor, llegó tambien aquel día á su casa, pálido y triste. Al verlo sus hijos corrieron hácia él, como la ban– dad·a de perdices que distingue á su madre. El corazón del campanero que estaba lóbrego co· mo el boquerón de que hablan los cuentos de las bru· jas, recibi6 luz y calor al beso de sus hijos á quienes acariciaba silencioso. · Martina penetró con paso lento en la choza; se arrodilló en el centro de la habitación levantando sus manos empalmadas al cielo. -¡Allpa marna/-exclam6ahogando en su pecho, con esa palabra; todos los cargos que su alma herida podía abrirá la humanidad injusta representada .por los notables de Killac, y sus ojos vertieron copiosas lágrimas. -¿Lloras Martinacu? aún no cesó la lluvia en tu corazón? - preguntó Isidro fijándose en su IDUJ81'. -Ay, compañero! - repuso Martina levantándo- . se- el dolor nada en el llanto como 1a gaviota en el

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