Aves sin nido

272 AVES SIN NlDO ·- ¡Jesús! ¡qué tos! ¡te habrás constipado en la cárcel !-¡pobrecito! ... ·. Don Sebastian consumió la última gota de la chabela, paladeándola con sonido parecido a un be– so, limpió sus lábios y dijo: -¡Qué chabela tan ricat-Petruca con esto, fran– camente) engorda un ético, -y despues preguntó á Manuel-¿Y cómo, cuándo q uiéres marchar? -Mañana temprano, señor. - Bueno? dale pues todo Petruca, y que escoja caballos y demás, francamente, que en otras tierras como nos ven nos tratan. - ¡Gracias, señor! usted me colma de fa vorcs;– repuso Manuel y salió á preparar su marcha. Eran las nueve de la noche cuando volvió Manuel y entró al cuarto de doña Petronila, encontró allí á don Sebastian platicando íntimamente con su madre. ·-Buenas noches, don Sebastian; madre mía, ven– go á despedirme; todo queda arreglado definitiva– mente con el auxilio de Dios,-diju Manuel. -¡Hijo mío! que la Virgen te lleve con vida y sa– lud y me devuelva mi hijo; - contestó d·oña Pet.ro– nila sacándose un escapulario del Carm~u que lle– vaba puesto al cnello, y colocándolo en el pech? de Manuel, á quien abra.zó . enternecida. -Don Sebastian tenaa usted mucha prudenP.ia, .... o . sólo, ...... en silencio!-Nadie lo m~lestará. -Ustedes no t~ngan cuidados por mí. -A ver un abrazo aui6s !

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