Aves sin nido

CLORINDA ~1A'Í'TO DE TURNER 269 mo para tomar el tren del jueves y poder alcanzar á don Fernando y mi ·Margarita. - Pero, hijo, si el juicio sigue todavía, y tu pa– dre no sabrá dirigirlo. . -Todo lo he prevenido para los pocos días de mi ausencia, y .sobre esto, como á mi regreso he de traer el recurso de transacción, nada importaría;-repuso Manuel dando paseos. - ¿O sería mejor que pidieses la mano de Marga– rita, y esos papeles por carta?-dijo doña Petronila como arrepentida de haber consentido en la partida inmediata de su hijo. -¡Madre, madre! en otras circunstancias sería correcto el escribir una carta; pero recuerda que tengo que aclarar algo ...... observó Manuel. -Sí, si, te entiendo, pero ....... . -¡Madre! el corazón de veinte años, fogoso y apasionado, no retrocede ante el peligro, y la dila– éi6n fo asesina. Yo marcho; ajustaré mi compromi– so, y vol veré, sin detenerme, á tu lado. -¡Qué he de hacer! .... -repuso ella moviendo l~ cabeza. -¡Madre! ¿confías en mí? -Del todo, hijo; ¿por qué me pregantas eso? - Porq.ue te veo vacilante; porque tú debes com- prender que aparte de mi amor á Margarita, está mi deber para contigo, y mi interés respecto á don Sebastian, aún cuando él fué conmigo, en la niñéz, un verdadero padrastro! -¡Para qué recuerdas esas cosas! Ahora se mane-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx