Aves sin nido

CLORINÍ>Á MATTO l il<.: T UR Nl<Jlt 267 En ese trecho del camino se alzaba un puente de madera y fierro, artísticamente colocado sobre un río vadeable. El silbato dió la voz de alarma con repetidos re· soplidos, pues al centro mismo del puente se encon– traba una tropa de vacas, cuya presencia no fué no– tada por los maql_linistas sino cuando ellas huían des– pavoridas, más n6 con Ja rapi<léz que la velocidad del tren exijía. Las maniobras del primrr maquinista, los esfuer– zos de los palanqueros y el galope de la vacada, no fueron bastantes á impedir un choque. y el siniestro llegó á ser inevitable. El animal rodado exhalando bufidos como el reso– plido de la fiera llevó la confnsi6 n primero, y la consternación despues á los pasajeros, cuya muerte era casi segura. -¡Misericordia! -¡Favor! ¡Dios mío! -¡E!:'poso mío! -¡Lucía! ¡hijas! -¡Madrina! -¡Padrino! -¡Ay que vá, á ser! -¡Bestias! -¡Misericordia! Tales fueron las palabras pronunciadas en distin– tos tonos en medio de la confusión y gritería espan– tosa levantada en los coches. ¿Más, á dónde huír embo(legados?

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