Aves sin nido
264 AVES SIN NIDO ===========================~===========-====- cigarro en los labios y desató el paquete de libros; volvió á dar dos chupetones al cigarro, y dijo á su esposa: -¿Cuál .quieres leer tú, querida Lucía? -Dame las (<Poesías» de Salaverry; - respondió · ella con sonrisa de satisfacción. -Bien, yo gozaré con las «TRADICJONES» de Pal– ma, son relatos muy peruanos y me encantan;-dij o don Fernando alargando al mismo tiempo un volú– men á su esposa; y en seguida cruzó las piernas sos– tenidas en la tablilla del asiento inmediato, arrimó la espalda á la butaca, y abrió su libro. que era la SEGUNDA sÉRIE, en momentos en que el tren empe– zaba á caminar con la velocidad de quince milla8 por hora, tragando las distancias, dejando atrás lla– nuras, chozas, vaquerías y praderas con rapidéz vertiginosa. · Los distintos pasajeros que ocupaban sus asien– tos y á quienes Lucía pasó revista con mirada curio– sa, principiaron tambien á buscar entretenimiento. Iba un militar flaco, trigueño y barbudo, junto á dos paisanos entrados ya en años, antiguos comer· ciantes en cochinilla y azúcar, á quienes invitó el militar, diciendo: - ¿Vamos matando el tiempo con una manita de rocambor? -· No sería malo, mi capitán; pero aquí de ¿dón– de diántres sacamos naipes? - contestó uno de los paisanos que estaba envuelto con una bufanda de vi– cuñ a. El capitán, sacando un juego de barajas del
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