Aves sin nido

CLURINDA MATTU DE TLJRNEk 263 ¡y6! ......... ¿somos culpal>les acaso, ni el uno ni el otro? ............ ¿no fué el peso de la fatalidad negra, negra como la noche sin luna, que me condujo á los brazos vedados de un hombre sin fé? ........ . Doña Petronila cayó de rodillas sumergida en llanto, repitiendo entre sus sollozos un nombre y tapándose la cara con ambas manos! ..... . Su corazón manaba sangre, sangre del alma re- memorando las escenas de veinte años a tras! ....... . XXVII Un elegante coche de Ja máquina, bautizada con champagne, bajo el nombre de socABÓN, estaba listo á partir luego que sonase la señal dada por el silba– to del tren. Mientras tanto los pasajeros de primera recorrían 1as mercaderías colocadas á izquierda y derecha de la línea; cuyas vendedoras indias ofrecían guantes de vicuña, duraznos en conserva, mantequillas, que– sos y chicharrones de las acreditadas ganaderías del interior, ó sierra del Perú. Don Fernando des pues de acomodará Lucía y las niñas, se arrellanó muellemente al lado ele su es.po – sa en una butaca de dos plazas, forrada con pana granate. Sacó un cigarro, lo armó en silencio y despues de encenderlo, guardó su caja de fósforos, arrojó unas cuantas bocanadas de humo, colocó el

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx