Aves sin nido

cLokiN.iJA ~1A'l"J:O vi;: 1'UR.Nldt 2S1 qué gusano roe tu nlma; sí, tú amas á Margarita y lloras porque te han separado, ¡porque temes no verla más! ..... . - ¡Madre bendita! ... perdona si mi corazón no es hoy todo para tí; pero ese ángel cuyo nombre has pronunciado, es el ángel de mi dicha! ... yo la amo, sí, y tal vez ..... -¿Por. qué te desesperas Manuel? ¿por qué no te casarág con ella? ¿por qué no seré feliz teniendo dos hijos en lugar de uno? ....... . - ¡Madre mía! ¡tú. eres mi Providencia; pero acuérdate que Margarita verá en mí al bjjo del. v·er– dugo de sus padres, y me rehusará su mano, y me echará de su corazón! -¡Qué heregía, Dios mío! ¿á tí? - repuso doña Petronila, empalmando las manos al cielo y quedán– dose muda y cavilosa por unos momentos, contem– plada por la cariñosa mirada de su hijo. Y como quien vuelve de un éxtasis de lucha, agregó: -Eso lo allanarás, fácilmente; habla con don F.er- nando, y ......... revélale el nombre de tu verdadero padre ........... . -¡Madre mía! - Sí, y ¿qué culpa tenemos nosotros? fué una desgracia, y ¿por qué no he de pasar yo un bochor– no por la felicidad eterna de mi hijo querido, por tu felicidad, Manuelito? Doña Petronila hacía en este momento el último sacrificio de una madre amante y de una mujer P-n– gañada.

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