Aves sin nido

260 AVES S1N NIDO -Sí, madre, están todas las diligencias corridas, y á las doce lo tendremos en casa . . -Bendito seas, hijo de mi corazón. ¿Y los otros? - No sé nada de los otros; no me cuido de ellos; sólo he hecho algo por Isidro, que también saldrá pronto. Ya lo hubiese sacado sin ese auto de prisión y de embargo que hay que allanar, y requiere paciencia. Doña Petronila que sumida en dolor contemplaba la actitud diaria de su hijo, despues de recibir la no· ticia de la próxima libertad de don Sebastian, le atrajo háicia sí, y le dijo: -A parte de e~tas cosas del juzgado; ¡tú sufres, Ma– nuelito; tu corazón está roído por un gusano que te llevará al amar:telo y á la muerte! .... - y gruesas lá– grimas resbalaron por sus mejillas. -¡Madre! madre mía! ¿por qué lloras? - ¡Por qué callas! .... mi. corazón es el corazón de t~ madre ....... ¡acuérdate bien Manuelito, mi vida es para tí !! ........ . Manuel no pudo resistir. Estaba débil como una mujer. ¡Había sufrido tanto l ¡Se arrojó entre los brazos de su madre y escondió sus lágrimas de hombre, como en otra época oculta– ba sus jugetes de niño en aquel mismo regazo! - ¡Madre! ¡madre del alma! ¡bendita seas! ..... . ¡pero ... ¡yó me siento morfr! . u. -repuso entre so– llozos el j6ven que, tímido para las escenas del hogar y del corazón, sabía mostrarse héroe en los momen - tos de combate. -¡Manuelito, hijo mío, sí, yó sé, yó he adivinado

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