Aves sin nido
CLORINDA MATT o DE TURNER 259 XXVI No obstante ]as recargadas tareas que tenía para sí Manuel, lo que podía ser fuente de distracción; la tristeza invadió su semblante y el silencio selló sus labios, antes expansivos, sin dar paso más que á sus– piros de honda pena. En su corazón se levantaban olas de sangre, para él desconocidas, que el de una. mujer había interpre– tado como presagio de desgracia. Manuel comenzaba á desconfiar del porvenir, <lu– daba de Ja posil?ilidad de volver á ver á Margarita; pero perseguía su propósito de arreglar los asuntos de don Sebastian y de Isidro; y salir despues á cual- quier costo. · Sus entrevistas con el Juez de primera instancia, con el nuevo Sub-prefecto y con el señor üuzrna.n; tuvieron al fin un resultado, agregándose á esto los diversos empeños que corrían las familias de Estéfa– no, Verdejo y Escobedo. Un día volvió á la casa y dijo á doña Petronila: - ·· ¡Madre! he conseguido que se acepte la fianza de haz, y hoy saldrá don Sebastian. - ¿Ha decretado ya el Juez? - pregutó ella con interés,
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