Aves sin nido
CLORINDA MATtO DE TURN~R 21 Don Sebastián, sugeto bien original comenzando á juzgarlo por su vestido, és alto y huesudo; á su ros– tro no· asoman nunca las molestias rn.asculinas en forma de barba ni mostachos; sus ojos negros, vivos y codiciosos, denuncian en mirada inclioa1.a á la visual izquierda que no es indiferente al sonido me– tálico, ni al metal de una voz femenina. El dedo meñique de la mano derecha se le torció siendo mo– zo, al dar un bofetón á un su amigo, y desde entón- .ces usa un medio guante de vicuña, aunque maneja con gracia peculiar aquella mano. El hombre no tiene átomo de nitro-glicerina en su sangre: parece. formado para la paz, pero su débilidad genial lo pone con frecuencia en escenas ridículas que explotan sus comensales. Rasga la guitarra con falta de oído y de ejecución tales, que le hacen notab.ilidad, aunque bebe como un músico de ejército. Don Sebastian recibió instrucción primaria tan elemental como lo permitieron los tres años que estuvo en una escuela .de ciudad; y despues, al regre– sar á su pueblo, fué llavero en Jueves Santo; se casó con doña Petronila Hinojosa, · hija de un notable; y en seguida lo hicieron gobernador; es decir, que lleg6 al puesto más encumbrado que se conoce y á que se aspira en un pueblo. · Los dos personajes arrastraron su respectiva pol– trona, señalada por Lucía, donde tomaron cómodo descanso. La señora de lVIarín hizo acopio de amabilidad y . razonamiento para interesar á sus interlocutores en 6
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