Aves sin nido

256 AVES SIN NIDO :.-dijo Lucía pegando un chicotillazo á su caballo.... . .... . . .. ... .. . ... . .. . . . . . ... ... . . .. . ... ,. .... , . . . . . . . . . . . ......... . En esas llanuras inconmensurables serpentea á las veces el rayo que terrífico, lleva en cintas de fuego la destrucción á la cabaña, 6 la muerte aí ganado, que huye despavorido en pos del refugio escondido. Y en medio de esas imponentes soledades, de im– proviso se distinguen dos sierpes de acero reverbe– rantes extendidas sobre Ta amarillenta grama, y so– bre ellas, el ·humo del vapor que, como la potente respiración de un gigante, dá vida y movimiento á grandes wagones. De súbito se oye el resoplido de la locomotora que con su silbato anuncia el progre– so llevado por los rieles á los umbrales donde se de- tuvo Manco Capac. . · -¡El ferrocarril ! !-gritaron varias voces. Era, en efecto, el tren que llegaba á. la {1ltima es– tación del sur, situada en un pueblecito compuesto en su mayor parte de caseríos con techumbre de paja y paredes de adobe, sin ninguna pintura exte– rior, que ofrecen un aspecto tétrico al caminante. Pocas horas despues de distinguir el tren, y apea– dos de sus cabalgaduras, los viajeros se dirigieron á un pequeñ_o salón situado en la misma Estación. Lucía del brazo con su esposo, levantando las lar– gas fal<las de la bata, con la corréa pendiente de la cintura; las dos niñas por delante, y en seguida va– rios sirvientes. -Ustedes entren acá á arreglarse: yo vo,y á ver el regreso de los caballos, el embarque de los bultos

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