Aves sin nido
CLORJNDA MATTO DE TURNER 255 - ¡Fernando! ¿qué te parecen ]as cosas que su– ceden?- preguntó Lucía á su esposo, despues de ca– minar un buen trecho en silencio. - Hija mía; estoy abismado contemplando las coincidencias. ¡Ah ! la vida es una novela;-cont~s tó el señor Marín deteniendo un poco su caballo. -Dios no ha querido que saliéramos de Kíllac sin ver el castjgo de los culpables;-torn6 á decir Lucía. --En efecto, hijita; jamás debemos dudar de la Providencia justiciera cuya acción tarda, á veces, · pero al fin 1lega. - ¡Cierto Fernando, con razón se dice que para verdades ef tiempo y para justicia Dios! ¿Cómo sal– drá Isidro Champi ? - Espero que bien. Ese indio es inocente, no lo dudes. -¿Y6?-jamás lo be dudado; sé que cuando hace algo malo el infeliz indio peruano es obligado por la opresión, desesperado por los abusos ........ . -¡Cuidado con esa zanja! ... tuerce la rienda so– bre la derecha,-·advirtió Marín. - ¡Jesús! si no me adviertes me habría llevado un susto con el brinco. -Esto es si no caes á tomar posesión del sitio. -A ese punto, nó, pues que no soy tan chambona para viajará caballo.-¿Cuánto dista á la posta? -Todavía algo; á las siete de la noche estaremos acampando, esto es, si apuramos el paso y no nos detenemos á conversar. -Entonces, ........ punto en boca y ...... ¡adelante!
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