Aves sin nido
254: AVES SIN NIDO . y esperó el día de calma despues de las horribles horas de tempestad. XXV Los viajeros ganaban terreno dejando tras sí la tormenta desencadenada. La naturaleza indiferente á las escenas dolorosas de Kíllac y sin armonizarse con la tristeza de algu– nos de los corazones, mostraba sus panoramas rien– tes y variados. Al trote de los caballos, cruzaba la comitiva de don Fernando pampas interminables cubiertas de ganados; doblaba colinas sombreadas por árboles corpulentos, ó trepaba rocas escarpadas cuya aridéz, semejante á la calvicie del hombre pensador, nos habla del tiempo y nos sugiere la meditación. En cinco días que hay de Kíllac hasta la estación del tren, el viajero va hollando las flores de la campiña, cuyo aroma embalsama el aire que se respira; luego toca la empinada cordillera de los Andes cubierta de algodón esaarmenado,. donde se refleja el sol derri– tiendo las nieves, que se precipitan en corrientes cristalinas; luego desciende nuevamente á la llanura, donde la paja repite el lenguaje murmurador de los vientos que 1a mecen. •
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