Aves sin nido
250 AVES SIN NIDO usted de frente. Póngase usted al habla con Guzmán, á quien escribiré por la primera posta. - ¡Jesús! ¡si parece todo tramao! - decía Ver– dejo. -¡N 6! cómo, á la cárcel? - gritaban Escobedo y Benites. -Supongo que este incidente demorará la salida de usted¡ - dijo don Fernando á Manuel, quien re– puso, pálido como un convaleciente. -Yo snbré salir del atolladero. -Suplico á ustedes que no se alarmen tanto; esto se allanará en pocos días; yo respondo; - dijo don Fernando intentando calmar los ánimos. - No hay para qué desesperar; - agregó Lucía . queriendo tambien moderar la excitaci6n general. - T6men sus cabalgaduras; es hora de marchar! -ordenó en voz alta don Fernando; y salieron de la casa dos grupos con destinos muy opuestos. U no á la cárcel, y otro al camino real. Manuel contempló á Ma1garita que estaba con movida y anegada en llanto. Sus lágrimas eran las valiosas perlas de mujer con que sembraba el cami. no desconocido que comenzaba á cruzar aquel día, dejando su mundo todo entre las playa~ donde se meció su cuna y nació su amor. ¡Triste del que sale como M&irgarita! ¡Más triste aún del que queda como Manuel, .liban– .do gota á gota el acíbar de la a.usencia con los sus– piros que arranca al corazón la nostalgia del alma que llora por otra alma!!
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