Aves sin nido

246 AVli:S SIN NIDO - ¡Sí, el señor cura tiene la palabra! - vocearon varios chocando las copas sobre fos platos. - Aquí al señor Juez le toca; - repuso el inter dirigiéndose á Verdejo. Estéfano y Escobedo se miraron con intención, y el aludido respondió: - Loq_ués yó ojalas -soltara toititos. los presos, que me dan más dolores de cabeza que mi mujer. - ¡Jáááá!- exclamó á carcajadas la reunión en– . contránclole gracia al chiste de don HUarión, y Es– cobedo dijo á media voz á Estéfano: -Compadrito, aviente por acá esa fuente de alca– chofas. -Allá vá, que mal gusto tienes;-repuso Benites pasando la fuente. -¿Entóri.ces por dada la libertad? ... -preguntó Manuel luego que hubo disminuído la algazara. - En lo que me toca conwede decir que nó, don Manuelito;-dijo el Juez. . -Pues entonces por la libertad de mi campanero; -propuso el inter. -Sí, señores, copa llena, y ..... pensar en la mar- cha;-dijo don Fernando dirigiendo sus últimas fra– ses á Lucía, quien repuso: -Sí, hijo, vamos: es má<:; de la una. -¡Salud, señores! -¡Buen viaje, señor Marín! - Qué desayuno tan suculento; pero así, así, yó no perdono el chocolate que será del Uuzco; - dijo el cura-inter colocando la copa que acababa de

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