Aves sin nido

CLOR!NDA MATTO bE TURNER 245 - ¡ Bravo! ¡ brayo ! -_ - repitieron todas las voces masculinas, y siguió el almuerzo en íntimo regocijo, sirviéndose buenas y variadas viandas, sin faltar el cabrito al horno. Manuel estaba próximo á Lucía, y la preguntó á media voz: -¿Qué es de su ahijada, señora? - Margarita y Rosalía, han ido á cumplir un deber de despedida; las niñas almorzaron tem- prano ........ . -Día de viaje no era posible de otro modo. -Pero no tardarán mucho. La bulla aumentaba por grados, y la confianza por supuesto. Don Fernando, que todo lo medía y calculaba, volvió á ponerse de pié, y dijo: -Señores: todavía pido la atención de ustedes. Ruego que mis amigos me den una muestra de afecto: quiero irme de Kíllac llevando sólo impresion~s gra– tas, sin dejar tras mí infortunio alguno. Creo que en la cárcel existe un preso; parece que es el campane_ro, y ·aguardo que trabajen todos por la libertad del preso. - ¡Bravo!- gritaron muchos entre nutrido pal– moteo que duró algunos segundos. Restablecida la calma y pasando al sirviente el plato que don Sebas– tian acababa de despachar dijo: -Mi cura-inter que hable, francamente, á él le toca contestar. El cura-inter cruzando el tenedor y cuchillo sobre el plato, limpióse los lábios con la servilleta. Sl

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