Aves sin nido
244 AVES SIN NIDO ;¡>etronila que se siente ahí: yó, aquí me arrellano; - ·resolvió el inter. -Don Sebastian, por este lado. -Para mí, francamente, cualquier punto es de comodidá. -¿Todos están instalados? -Sí, señor, todos;-dijeron varios. -¿Tomarán una copita de biter~ - preguntó don Fernando. - · Cualquier cosa, señor, para abrir mañas todas son iguales;-dijo el ínter. - Para mí, francamente, no hay como el purito; yo tomaré blanquito no más; - pidió don Sebastian que había cambiado la capa por un pon<!ho de vicu– ña con fajas de seda color aroma. - Gavino, sirve á todos;- ordenó don Fernando al mayordomo. - ¿Y la señora I..Jucía, tqmará algo? - propuso Manuel. -Y ó tomaré un poquito de vino y nos acompaña– rá su mamá;- contestó Lucía. Estando todos servidos, don Fernando se puso de pié, y dijo: - Señores: no he querido irme de este generoso pueblo que me brindó su hospitalidad, sin despedir– me de sus buenos y notables habitantes, y me he permitido reunirlos en este modestísimo almuerzo. Brindaré la pril!lera copa por la_salud y la prospe– ridad de los habitantes de KHiac. · -¡Muy bien!
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