Aves sin nido

CLORINDA MATTO D~ TURNER 243 ¿Sáben acaso las niñas de la edad de Rosalía lo que es despedirse para siempre del sep-qlcro de una ma– dre, urna sagrada que guarda las cenjzas del supre– mo amor? ¡Dolor de los dolores! ¡él podía resarcir los desvíos del coraz6n desnudo de afectos!! .........• Mientras las huérfanas hacen esta visita, veárnos lo que pasa en la ca·sa blanca. En momentos de ir al comedor se presentó Esté– fano Benites. Al verlo, don Fernando, Lucía y J\!Januel, cambia– ron una mirada que encerraba un libro de filosofía moral, y Lucía sonrió con la sonrisa del triunfo. -. Señora, señor,-se apresuró á decir Estéfano, y dirigiéndose á Marín agregó: - Yó sólo esta maña– na he llegado de un viajecito que hice á Saucedo, y recibiendo su cartita, en el acto me he pasado, aún en el mismo caballo, porque, deseo acompañar á ustedes. - Tantas gracias don Estéfano, eso esperaba de su amabilidad;- repuso don Fernando. En aquellos momentos llamaron á la mesa. -A la cabecera la señora Petronila;- indicó don Fernando. -Nó, señor, qué disparate, estando aquí el señor cura-ínter;- replicó ella. - Sí, es el señor cura quien debe presidimos; - opinaron varios. - Como ustedes gusten; yo lo hacía .porque las señoras ..... . -Sí, mi don Fernando, dice usted bien, la señora

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