Aves sin nido

242 AVES SIN NIDO Por enmedio del barullo de bestias y cargadores · que invadían el pátio, pasaron vestidas de riguroso luto Margarita y Rosalía, conducidas por una sir– vienta, y se diriguieron al cementerio donde iban á orar por la postrera vez sobre la tumba de sus pa– dres; á verter una lágrima de adiós, cuyo precio igno- , raban ellas mismas! Lucía cuidaba de que las huérfanas mantuviesen en su corazón la reliquia del amor filial. · El campo santo de Kíllac es un lugar desmante– lado y pobre. Allí no existen ni mausoleos que pregonen vani– dad, ni inscripciónes que señalen virtudes. Sólo pe– queñas prominencias de tierra, señaladas con una ~osca cruz de palo 6 de espino, indican la existencia de restos humanos bajo sn seno. Pero, los esposos Marín, solícitos y buenos hasta para el sepulcro de Juan y Marcela, hicieron colocar una cruz de piedra blanca. .Al pié de ella se arrodilló Margarita, cuyo corazón estaba preparado para to– das las escenas en que la ternura ofrece mayor caudal. Margarita, que al separarse de su madre muerta, quedó en el mundo como el ruiseñor sin alas exper– tas para buscar su alimento y el árbol donde colgar su nido; se llegaba hoy ante los mismos despojos con el corazón ocupado por el amor de los amores. ·M d ' · d ' · d"ó ' d'' M •t --, 1 a re. 1 pa re .... 1 a i s......... - IJO argar1 a después de recitar el PADRE NUESTRO y AVE MARÍA, cuyas palabras, aprendidas de Lu~ía, hizo repetir una á una á Rosalía.

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