Aves sin nido
CLORINDA MA1 'IO DE 'IURNER 19 Entregada á este teje y dest~je del pensamiento, sentía los minutos pesados, cuando tocaron á la puerta, y abri~ndose suavemente el ·port6n de vidrios dió paso al cura y al gobernndor del poético.pueblo de Kíllac. V Estatura pequeña, cabeza chata, color oscuro, naríz gruesa de ventanillas pronunciadamerite abier– tas, labios gruesos, ojos pardos y diminutos; cuello corto sujeto por una rueda hecha de mostacillas ne– gras y blancas, barba rala y mal rasurada; vestido con una imitación de sotana de tela negra, lustrosa, mal tallada, y peor atendida en ·el aseo, un sombre– ro de paja de Guayaquil en la. mano derecha; tal era el aspecto del primer personaje, que se adelantó y á quien salud6, la primera, Lucía, con marcadas manifestaciones de respeto, diciéndole: . -Dios le dé santas tardes, cura Pascual. El cura Pascual Vargas, sucesor de· don Pedro Miranda y Claro en la doctrina de Kíllac, inspiraba desde el primer momento sérias dudas de que, en el Seminario, hubiese cursado y aprendido Teología ni Latín; idioma que mal se hospedaba en su boca, resguardada por dos murallas de dientes grandes, muy grandes y blancos. Su edad frisaba en los cin– cuenta años, y su~ maneras acentuaban muy séria– mente, los temores que manifestó Marcela cuando habló de entrar al. servicio de la casa parroquial de
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