Aves sin nido
CLORINDA ·MAT1'0 DE 'rURNER -Daremos un banquete de despedida para lama– ñana de nuestra salida, y allí comprometeremos á todos en favor de Isidro. Creo que éstos le han en– carcelado sólo para: que aparezca un culpable, y sin– cerarse ellos. U na vez que nos vamos, desaparece todo motivo para continuar ese juicio, y la libertad de Isidro será cosa resuelta. - Apruebo, querido Fernando, tu idea; y ahora mismo ordenaré que preparen todo, ·aunque ha de costarnos algo caro, porque ~e visto que aquí explo– tan al recien llegado y al que se vá. -¡ No importa, hija! ¡cuánto dinero se bota en cosas inútiles! Y sobre todo, séa un capricho nues– tro querer libertar á ese indio. Con cien soles ten- dremos de sobra, ¿no? ..... . -Ni tanto, hijo; ¿no sabes que una gallina vale veinte centavos, un par de pichones de paloma, diez centa\ros, y un carnero sesenta centavos? ........ -¡Qué baratura, por Dios! ¿y así hay quiénes le roban al indio? - ¡Admírate, hijito! ¡oh! ¡pobres indios! ¡pobre raza! Si pudiésemos libertar á toda ella como va- mos á salvar á Isidro! ........ . Decía esto la· señora Marín cuando tocaron á la puerta. Era Mánuel que llegaba con un rollo de papeles en la mano. Saludó, puso su sombrero sobre una silleta, y didgiéndose á don Fernando dijo: -Vengo con el ánimo contrariado, señor Marín. Despues de tantas andanzas y haber presentado es– so
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