Aves sin nido
234 AVES SIN NIDO - ¡Adelante compadrito.!- contestó Estéfano dis– poniéndose á servir una copa al recien llegado. -Ni mandado llamar con alguacil de gobierno;– dijo uno: - Sus narices lo han traído, ha olido la tranquilla; -aclaró otro riendo. - Por acá siéntese;- agregó el .primero invitán- dole asiento. - Nó, amigotes, gracias, de sobre paradito no más, que estoy omtpao; - contestó Escobedo reci– biendo la copa de Estéfano, á quien dijo en secreto: ~¡Te necesito, suena gordo! -¡A la salud de ustedes!-brindó Estéfano,-ad·– virtiendo á su amigo con el mismo sigilo.-Allá voy. Y despues de trincar se retiraron los dos hacia la puerta, donde tuvo lugar el siguiente diálogo soste– nido á media voz: .-¿Sabes que el tal don Fernando está dando pa· sos por el campanero? -¡Hola! ."..... ¿Pero, no dicen que se vá? - Sí, e~ verdad que se. vá, y eso no se opone á que quiera defender al indio, y si mete el brazo pe1~demos soga y cabra. -¡Eso no es posible! ¡dejarse despavilar cuatro! ... qué!-¿ por lo menos ocho vacas? ¡eso no es posible! -También el hijo de don Sebastian está en cor– reteos ..... -¿Cómo? ....... ¡no entiendo lo que quiere ese pe- dante! ...... bien dijiste ·que sonaba gordo. ¿Y qué idéas pués? .......
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