Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TURNER 233 . . -¡Acaso, acaso, Martinacha! - · dijo el indio aho– gando un suspiro y estirando ámbos piés. - ¡Por la Vírgen, Isidro; nuestras penas pasarán también! -Sin duda tú no has sabido encomendarte á la Vírgen cuando tocabas las campanas del alba; y por esto nos ha caído tanta desgracia, como la hela– da que pone amarillas las hojas del maíz y malogra el choclo;-dijo ella sentándose junto á Isidro. -¡Pudiera ser, Martina, pero .. . .. . n u·nca es tarde para llorar! ¡La tierra que está un año, dos, tres, has- ta cuatro sin dar fruto; de repente se sacude, y ..... . llena la troje con la cosecha·! · - ¡~ueno! reza, pues, el alabado, y ......... hasta mañana, voy por nuestros hijos. -¿Qué dicen nuestros hijos? ¿por qué no me traes siquiera á la siete-mesina? · -Cuando me preguntan por ·tí, digo que estás en viaje, Miguel calla y se agacha, porque ya él entien– de y no lo puedo engañar. ¿Qué los traiga? ... ¡Jesús! ¿para qué? ... ... ·¡ay! basta con que tu y yó conoz- camos la cárcel ...... has.ta mañana, -dijo y besó á Isidro con el tranquilo y casto beso de las pa– lomas. Mientras pasaba esta escena entre Isidro y su mu– jer; en casa de Estéfano Benites se encontraban reu– nidos varios vecinos comentando los últimos sucesos, entre copa y copa, cuando llegó Escobedo y dijo des– de la puerta: -¡A ver, qué convidan! habrá miel cuando cargan moscas.

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