Aves sin nido

228 AVES SIN NIDO secreto de Marcela? ¿Es verdad que la mujer no pue– de ser nunca la guardadora de un secreto? ¡Nó! Lucía amaba mucho á su esposo para haberle ca– llado nada, y es de esplicarse esa intimidad inherente al matrimonio que realiza la encantadora teoría de dos almas refundidas en una, formando la dicha del esposo; que permite leer, como en libro abierto, en el corazón de la mujer, que al dar su mano, no esqui– vó la ternura del alma enamorada, como la ofrenda del amor perdurable jurado en el altar. El matrimonio no debe ser lo que en general se piensa de él, al concederle sólo el atributo de la pro– pagación y conservación de la especie. Tal será acaso la tendencia de los sentidos; pero, existe algo superior en las aspiraciones del alma que busca su centro de repercusión en otra alma, como el ser esp íritual unificado por las potencias de me– moria, entendimiento y voluntad y estrechado por el vínculo santo del amor. Lucía, que nació y creció en un hogar cristiano, cuando vistió la blanca túnica de desposada, aceptó para ella el nuev0 hogat' con los encantos ofrecidos por el cariño del esposo y los hijos, dejando para éste los negocios y las turbulencias de la vida, encariña - da con aquella gran sentencia de la escritora espa– ñola, que en su niñez leyó más de una vez, sentada junto á las faldas de su madre: «olvidad, pobres muje - res, vitestros sueños de emancipación y de libertad. Esas ~on teorías de cabezas enfermas, que jamás se podrán

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