Aves sin nido
CLORINDA MATTO DE TURNER 229 practica1·, porq11;e la m'ujer ha nacido para poetizar la casa!!» Lucía estaba llamada al magisterio de la mater– nidad, y Margarita era la primera discípula en quien ejercitaría la trasmisión de las virtudes domésticas. -¡Bien,-Fernando! queda convenido que yo varío totalmente de parecer á cerca de la inconveniencia de los amores de Manuel y Margarita, para quien buscaré una explicación en los límites de la pru– dencia;-contestó Lucía. -¡Bien! , Pero yo tengo que ocuparme de esa po· bre familia del campanero. -¡Fernando, Fernando mío!. ... , mi corazón tiem- bla de terror ¡Ah! .......... cuando entró Martina -creí ver la imágen de Marcela, y no sabes qué 1úgubres presentimientos me han asaltado. No he dicho nada, . he callado porque primero eres tú, y temo ..... . - No temas nada, hija; no tomaré las cosas de frente, pero, es imposible dejar que asesinen á otro hombre con el estoicismo del verdugo. - ¡ Quisi~ra ya estar lejos de K.íllac para no ver estas cosas! ...... ¿Y Manuel que hará? - Ten paciencia, hijita, pocos momentos te que· dan en este lugar ya odioso. Manuel se encargará de todo, de acuerdo con Guzman, y voy á escribir á éste ahora mismo;-dijo don Fernando dirigiéndose á su escritorio. Lucía se retiró también de la sala. Sentado á su pupitre escribió don Fernando las siguientes lineas: . ,,
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