Aves sin nido

222 AVES si.N NIDO d l 1 d d ., 1 l . ? e sue o on e v10 a uz primera. .....• ¿por qué no aspiro á vivir aquí, donde nació Margarita, y donde, junto á ella, brotó lozana y bella la flor de mis amores? ..... ¡Ah! mi contrariedad se explica por la palabra de una experiencia razonada. Los lugares donde no se cuenta con garantías pa– ra la propiedad y la familia, se despueblan: todos los que disponen de medios sufi.c_ientes para emigrar á los centros civilizados lo hacen, y cuando uno se halla en la situación en que yo me encuentro, sólo contra dos; uno contra cinco mil; ...•.• no queda otro remedio que huír y buscar en otro suelo la tranqui– lidad de los míos y la eterna primavera de mi cora- zón! ....... ¡Margarita! ¡Margarita mía! A tí te en- tumecería el invierno de los desengaños en esta pu– na donde se hielan los buenos sentimientos con el frío del abuso y el mal ejemplo. Tú vivirás bella y lozana, donde se comprenda tu alma y se admire tu hermosura; tú serás .el sol que me dé calor y vida bajo la sombra de árbol extraño! ....·.. Por la mente del hijo de doña Petronila cruza– ban, revoloteando, mil aristas chispeadtes, llevando . un enjambre de ilusiones sostenidas en su corazón por dos fuerzas activas: nobleza de sentimiento y pu– reza de pasión. Dió unas cuantas vueltas por la ha– bitación, distraído y embebido en sus pensamientos, y sacó un cigarro guardado en una cajita de caucho. Manuel fumaba en raras ocasiones. El tabaco lejos de constituir un vicio era un agente de pasatiempo. Armó el cigarro y despues de encenderlo á la luwbre

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