Aves sin nido

CLORJNDA MATTO D:E TURNER 221 hacer nuevamente la tranquila vida del campo, mien– tras se vencía el plazo señalado en los esponsales del honrado Mariano. Nadíe supo dar razón del paradero del Coronel don Bruno de Paredes; porque, á pocas millas de su sa– lida, despidió su escolta y, sólo ya, buscó un refugio seguro. Súpose, sí, en los días posteriores, que estaban bien mermadas las rentas de Predios rústicos y ur– banos, y en mano de los indígenas una respetable cantidad de recibos d~ una contribución personal y forzosa, creada ad-hoc por su señoría,· titulada: DE– RECHOS DR INSTRUCCIÓN POPULAR. Don Sebastian, mohino y cariacontecido se gol– peaba el pecho repitiendo: -Francamente, mi mujer y Manuel sabían la me– dia de la misa; francamente, me pesa, me pesa no haber seguido s.us consejos. Tal confesión era un nuevo apoyo para que Ma– nuel llevase á la práctica sus teorías en la casa, don– de su opinión prevalecería respetada y obedecida. Manuel pasó toda la noche en vela, lápiz en ma– no, marcando y borrando números sobre un pliego de papel que tenía cerca, y recorriendo su dormito,. rio con pasos acelerados-, que de rato en rato se de– tenían para apuntar algo ó buscar ligero descanso en el sofá. -¿Y por qué mi an helo se reduce á dejar el pue– blo donde he nacido,-se decía,-cuando es propen– sión innata del hombre amar el engrandecimiento 28

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