Aves sin nido
218 AVES SIN NIDO nuel, mayores preferencias de las que ella alcanzó á medir, estaba preocupada con el porvenir de la huér– fana. - Presentaré á usted á mi ahijada Margarita; - dijo ·Lucía tomando á la niña de una mano y diri· giéndose á la madre de Manuel. -¡Qué línda señorita! -Simpática y amable. Fueron las palabras que simultáneamente repitie– ron doña Petronila y Teodora. - ¡Margarita! - ¿no es verdad que lleva bien su nombre de flor? - agregó Manuel en momentos que su madre abrazaba á la huérfana, prodigándola pa– labras de alabanza, que sonaron como música celes· tial en el corazón de Manuel, que, ébrio de felicidad, no cabía en el pecho. . A interrumpir esta escena de calma venturosa, llegó una mujer despavorida, llorosa y confundida, que desde la puerta dijo entre sollozos; . - Señor, wiracocha Fei·nando, ¡caridad por la Virgen! - ¿Quién es esta infeliz? - preguntó Marín sor– prendido. -Esta es la Martina ....... mujer del Tapara; - repuso doña Petronila, cuando Lucía se tapaba los ojos con ambas manos, murmurando par.a sí. -¡Marcela! ¡Marcela! parece su hermana! Don Fernando volvió á preguntarle, -¿Dí quién eres, qué pides? . -Soy la mujer de Isidro Champi el campanero ...
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