Aves sin nido
CtoitlNOA MATTO .bE 'l'URNER 205 que es cumplir su misión. Quisiera, solo hacer algo antes de salir, por la libertad del caJiipanero. - ¡Don Fernando! mi brazo es suyo. Ambos ha– remos todo por ese indio infelíz. Ahora parece que el destino me sonríe. He venido á hablarle de algo reJativo á mis proyectos. -Con cuanto gusto le escucho. -Como dije, deseo arrancar de aquí á mi madre. He tomHdo todas las medidas necesarias para llevar– la con pretexto de un paseo á Lima, y una vez allá, no habrá buque para regresar. - Perfectamente ¿y don Sebastian? - pregunt6 don Fernando con curiosidad. -Usted sabe que la madre de familia es el sol de la casa cuyo calor busca el corazón; tras de mi ma– dre .. . . . .. . llevaría á don Sebastian, cuyo porvenir es también de los más tristes, aquí ........ ¡Ah! ¡don Fernando! usted no adivina los actos opresivos que soporto por ·amor á mi madre. -¿Y qué? don Manuel, su modo de expresarse res· pecto á su padre, hace tiempo que· llama mi atenci6n; - dijo don Fernando inspirando con el tono de su voz cierta confianza al jóven. -Lo presumía, señor Marín. Mi nacimiento está envuelto en un velo misterio·so que si alguna vez se descorre por mi mano, será ante usted que es un ca– ballero y que es mi mejor amigo;-dijo el jóven tur· bado. Don Fernando acabf.l,ba de saber todo lo que ne– cesitaba, porque para él no pasaron inadvertidas las il6
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