Aves sin nido

204: AVES SlN NllJO - Así mismo l.a abrigo yó don Fernando; porque don Manuel Pardo es un hombre de talla superior; pero lo que .me abruma en estos momentos, es ..... . diré, amigo. aun que sea brusco el ·cambio .. .. .. . -¿De opinión? -Nó, señor, de tema; me abruma la tormenta do· méstica. Veo que es imposible vivir en este pueblo sojuzgado por la tiranía de los mandones que se ti– tulan notables. -¿Qué de nuevo puede usted decirme, amigo Ma– nuel? sé que han reducido á prisión al campanero, acusándolo como culpable del asalto á mi casa ...... . - ¿Nó le digo? .¡si esto hace perder el juicio! y como por otra parte, de todos modos debo terminar mis estudios y recibirme de abogado, es preciso que me marche; pero no me resuelvo á dejará mi madre en esta jauría de lobos. - Pues, amigo Manuel, casualmente yo acabo de resolver este grave asunto en casa en igual sentido. Dentro de breves días me retiro con mi familia. -¿Usted, don Fernando? - interrumpió Manuel en cuyo semblante se pintó la sorpresa sombreada por el dolor 6 la duda: -Sí, amigo; he arreglado un traspaso de mis ac-. ciones en los minerales y los objetos de mi propiedad, con unos judíos que me dan v~in te por qiento, y así, así, salgo satisfecho. -¿Y á dónde se dirige? -A la capital; en Li.ma, presumo que el domicilio tendrá garantías, y que las · autoridades conocerán lo

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