Aves sin nido

CLORINDA MAT'1'o DE TURJ'{E'.;k. 203 -¡ N ó ! Son de interés público. Me comunican el triste fin del cura Pascual, ese desventurado hombre á quien escuchamos palabras de dolor, echando de menos la sana influencia que ofrece la familia en su seno á los párrocos del porvenir. -¿Ha muerto? ........ . -Sí, amigo, y de manera desastrosa. -¿Y cómo, y de qué ha muerto?- continuó pre- guntando Manuel con interés creciente prestando to– da su atención á la repuesta. -Ha·muerto en los descalzos. Fué arrastrado pri– mero por la bestia, recojido por la conmiseraci6n de algunos y aeistido por los frailes; dicen que al beber un vaso de agua sufrió el accidente final;-re_. plicó el señor Marín. -¿Al tomar un vaso de agua en el convento? - Sí, y los médicos han opinado que ha sido un derrame ceroso. -¡Pobre hombre! ,·-....... descanse en paz! ..... . - Hay otras noticias más graves que me han he- cho vacilar .. . . . . . . . · -¿Si serán las que ya sabemos en casa? ¿Las de la tormenta política descargada en la capital, y con– jurada despues de un delirio horrorizador? - ¡Exactamente, amigo Manuel, pero ........ bien mirado esto será temible en las primeras horas por las medidas violentas que imponen las situaciones anormales. Despues, ¡nó! Tengo fé en la adminis– tración civil de su tocayo don Manuel;- dijo don Fernando levantándose de su asiento.

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