Aves sin nido
202 AVES SIN NIDO XVI Don Fernando encontró á Manuel todavía abis– mado en las impresionei:; que le dejó la repentina sa– lida de Margarita. -¡Hola! ¿don Manuel?- dijo al entrar alargando la mano al jóven. - Escuse usted mi visita, don Fernando, la hora no es aparente; pero en estos casos la urgencia de los asuntos es la carta de pase;- contestó Manuel al mismo tiempo que estrec'haba la mano de su amigo· -Nada de cumplimientos, don Manuel. Usted sa– be que soy su amigo, y eso b3sta; - dijo don Fer– nando arrastrando una silleta é invitando á sentarse al jóven. - Tanto lo sé, que, sin la amistad de usted me habría vuelto loco: mi posición tan difícil ante usted después del asalto aquel, los acontecimientos tan ín· timos y contradictorios que se desarrollan desde mi llegada á este .pueblo, donde los notables no acatan ley ni conocen religión, y todo lo que pienso y me– dito; no son para menos. - Verdad, querido Manuel, que horroriza el es– tado actual de esta pequeña sociedad; pero más preo– cupado que á usted me traen las noticias que acabo de recibir de la ciudad. -¿Serán de interés privado para usted?
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