Aves sin nido
195 = mi comadre doña Petronila; sabe el sapo en que agua se echa á nadar. -Sí, yó le diré bien, todo. -¿Anselmo? cuida á la niña y ...... hasta pronto, ¿th?- al terminar esta frase don Ga.spar volvió bri– da~, aplicó con toda fuerza los talon~s desprovistos de espuelas en los hijares de su potro lobuno, en cu– ya anca sonaron también un par de chicotazos que le estimularon el brío juntamente con la vuelta á Ja querencia. Serían las ouce de Ja noche cuando se apeaban á -· la puerta de 1a casa de doña Petronila Hinojosa, Teodora y Anselmo. Tocaron con fuerza el leoncito de brOJ?Ce que sirve de llamador, y á los golpes res– pondieron cuatro ó cinco perros con ladrido desespe– rado, dejándose oír una voz soñolienta que pregun– tó con enfado: -¿Quién és? - Yó que vengo de parte de don Gaspar Sierra á entregar á doña Petronila una prenda que le manda. El portero que era el consabido pongo, no necesi– tó de más explicaciones; desquició la aldaba y las hojas de la puerta; de calle jiraron sobre sus goznes, dando paso á la fug;iti va Teodora, que fué recibida por doña Petronila con el cariño proverbial de la madre de Manuel. No hubo caminado dos millas don Gas par desde el sitio en que se separó de Teodora, cuando distin– guió gritería y tropel de gente á caballo. En pocos
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