Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TURNER 193 era un criado de toda la confianza de la casa; y el padre de Teodora dijo al mitayo con expresión de mandato: -Vuelve á casa, atiza la candela, que no falte el té co"n bastante tranca; y si nos echan de menos, yá sabes, ¿eh? -Sí, tatay; - contestó el indio emprendiendo el regreso. Sonaron tres latigazos simultáneos en las ancas de Jos brutos, que se lanzaron como una exhalación entre las tinieblas de ]a noche llevando sus pesados jinetes, dando resoplidos por las abiertas naríces, y mordiendo con rabia los frenos. El viejo iba sumergido en meditaciones, pues el cerebro elabora sin cesar la idea, y el pensamiento no se somete de grado á la quietud del cuerpo. -Padre, moderemos el paso;- dijo Teodora, so– frenando su caballo, pero don Gaspar no prestó aten– ción ó no oyó á su hija, que volvió á decir en voz más alta: -¡Padre! - ¿Eh? ¿te has fatigado tan pronto?-contestó el viejo moderando á su vez la marcha. -¡N ó estoy fatigada, qué disparate! pero he pen– sado una cosa. - ¡Habla! - repuso don Gaspar gobernándo las riendas para acercarse más á Teodora. - Sería mejor que te regresaras de aquí no más. Llegarás á casa en media hora; tu presencia alejará toda sospecha, y seguirán otro rato sin echarme de

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