Aves sin nido
188 A Vl!:~ S1N N1DO ahijada para medir la impresión de su respuesta, y dijo: -. Manuel no irá; él tiene sus padres aquí. Siguió un corto silencio. Los ojos de Margarita se llenaron de lágrimas, que en vano trató de esconder tras el velo del disimulo preguntando: -¡Qué línda ciudad debe ser Lima! ¿nó? - Es la más linda del Perú. Más ...... ¿por qué lloras, hija? - preguntó Lucía tomando á Margarita de ámbas manos, sentándola á su lado y diciéndola: - Míra. hija mía, yo noto que te inclinas mucho á Manuel; y ahora acabo de comprender. que ese jó– ve:µ ha impresionado tu corazón de niña, y me asal– tan los temores de que mañana le pertenezca tu co– razón de mujer. -¡Madrina! es que Manuel es muy bueno, nunca le he visto hacer nada malo;-repuso Margarita con manifiesta timidéz. -Exactamente, hija, su bondad me ha hecho caer en una red, que, es preciso cortar para libertarse. Tú no puedes querer al hijo del sacrificador de tus pad~·es ¡ah me horrorizo! ...... pobre Manuel ........ . Al terminar la frase, Lucía estaba emocionada : el temor y la duda asaltaron su corazón variando visi· blemente el timbre de su voz. Por su mente cruza– ban uno en pos de otro, pensamientos que tortura– ban su pecho, é interiormente se preguntaba: ·- ¿He cometido una indiscreción al hablar de amor á mi ahijada? ¿He arrojado el eterno baldón
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