Aves sin nido
114: AVES SIN NIDO un niño; pero acuérdate que el trato con los libros y con l~s hombres nos envejece, dándonos experiencia y enseñándonos á pensar. ¡Yo me creo un hombre! dijo Manuel con aire arrogante. -¡Vamos, eres un hombre!- afirmó doña Petro– nila fijando una mirada orgullosa en ~l rostro de su· hijo. - Sí, madre; quiero decir que, habiendo pensado con madurez, espero llevar á cabo lo que proyecto en provechp de tu porvenir y el mío; lo demás ..... . Iba á decir una frase dura; pero el nombre de M·argarita cruzó por su mente como el ·suave rayo de luna que se refleja sobre la superficie de un man– so lago, dejándole suspenso y arrancándole un hon- do suspiro. · · -Qué gusto tengo de oirte hablar así, hijo, mío; sí, con razó:p. don· Fernando y doña Lucía me han felici ta,do .tanto por tí. · Manuel cobró nuevo aliento despues de ligera va· cilación, y repuso: - Deseo saber madre, á cuánto asciende nuestra renta; pero .... sin contar para nada la de don Se– .bastian. -¿Nuestra renta?-repitió doña Petronila toman– do de nuevo los flecos de su pañolón y jugando dis– traída con ellos.-¿Cómo podré calcular nuestra ren· ta? tenemos buenos topos de terrenos que producen maíz, trigo, cebada, ocas, habas, papas, chochos y quínua; tenemos algunos cientos de ovejas, vacas, al– pa·cas y yeguas cerreras que trillan la cosecha; yo
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx