Aves sin nido
cto:tüNbA MA'M'O DE TURNEit 173 -Hijo mio, es que soy muy des gr~ciada! - con– testó entre sollozos doña Petronila. -¿Desgraciada tú, madre? blasfemas de Dios! ¿No te ha dado un hijo, no tienes mi corazón y la sangre de mis venas, que derramaré por tí? - repuso con ·calor y á la vez con cierto aire de resentimiento· el jóven. · - Sí, sí blasfemo, pero Dios me perdonará como me perdonas tú. por haber olvidado tu nombre, hijo Manuelito, hijo mío, sí, soy madre! -·dijo dona Pe– tronila tomando de las manos á su hijo y haciéndo– le sentar á su lado. - ¡Pobre madre!-· articuló Manuel lanzando un suspiro y contradiciendo su primer pensamiento. -¡Pobres mujeres, debes decir, Manuelito!, por fe– líces que parezcamos, par~ nosotras no falta un gu– sano que roa nuestra alma; - contestó ~oña Petro– nila, ya un tanto calmada, pasando los dedos .por la flecad ura de su pañolón. - Madrecita, dejémonos de quejas y hablemos con calma, tratemos de algo real, -Qué quiéres? ¡hablar -T~eseo que veamos la renta de nuestra casa. En. este mundo no ·se puede dar un paso, madre, sin to– car esa puerta que llaman de «FONDOS» y «ENTRA– DAS.» -¡Qué! ¿acaso quiéres volverte al colegio, deján– dome envuelta en esta Babilonia? .~ pregunto sor– prendida doña Petronila. . -No te adelantes, madre. Y6, como tú dices soy i~
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