Aves sin nido
12 AVES SIN NIDO idioma, el relato de su actualidad, para explicarse la simpatía que brota sin sentirlo en. los corazones nobles, y cómo se llega á ser parte en el dolor aun cuando sólo el interés del estudio motive la obser– vación de costumbres que la mayoría de peruanos ignoran y que lamenta un reducido número de per– sonas. En Lucía era genial la bondad y creciendo desde el primer momento el interés despertado por las palabras que acababa de oír, preguntó: -Y quién eres tú? -Soy Marcela, señoracha, la mujer de Juan Yu- panqui, pobre y desamparada-contestó la mujer secándose los ojos con la bota-manga del jubón ó corpiño. Lucía púsole la mano sobre el hombro con ade– mán cariñ0so, inv"itándola á pasar á tomar descanso en el asiento de piedra que existe en el jardín de la casa blanca. - Siéntate Marcela, enjuga tm~ lágrimas ·que enturbian el cielo de tu mirada, y hablemos con ca1- ma-dijo Lucía vivamente interesada en conocer á fondo las costumbres de los indios. Marcela calmó su dolor, y, acaso con la esperanza de su salvación, respondió con minucioso afán al interrogatorio de Lucía; y fué cobrando confianza tal que la habría contado hasta sus acciones repren– sibles, hasta esos pensamientos malos, que en la humanidad son la exhalación de los gérmenes vicio- . sos. · Por eso en dulce e~pansión la dijo:
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