Aves sin nido

Ci.ORINDA MA'1'TO DE TURNEk 11 plomo, con blondas de encaje, cerrada por botonadu– ra de concha de perla, que no era otra que la señora Lucía esposa de don Fernando Marb; matrimonio que había ido á establecerse temporalmente en el campo. La recien llegada habló sin preámbulos á Lucía y la dijo: -En nombre de la Virgen, señoracha, ampara el día de hoy á toda una familia desgraciada. Ese que ha ido al campo cargado con las caeharpas del tra– bajo, y que pasó junto á tí, es Juan Yupanqui, mi marido, padre de dos muchachitas. ¡Ay señoracha! él ha salido llevando el corazón medio muerto, por que sabe que hoy será la v isita del reparto, y como el cacique hace la faena del sembrío de cebada, tam– poco puede esconderse porque á más del encierro sufriría la multa de ocho reales por lafalla, y noso– tros no tenemos plata. Yo me quedé llorando cerca de Rosacha, que duerme junb al fogón de la choza, y derrepente mi corazón me ha dicho que tú eres buena, y sin que sepa Jnan vengo á implorar tu socorro por la Virgen eeñoracha ¡ay, ay! Las lágrimas fueron el final de aquella demanda que dejó entre misterios á Lucía, pues residiendo pocos meses en el lugar, ignoraba las costumbres y no apreciaba en su verdadero punto la fuerza de las citas de la pobre mujer, que desde luego despertaba su curiosidad. Era preciso ver de cerca aquellas desheredadas criaturas, y escuchar de sus labios, en su expresivo

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