Aves sin nido

CLORINDA MATTO DE TURNER 169 esa huida fatal? .... ¡aquí, ......... en la soledad en estos claustros de piedra! ... ¿cuántos? .... ¿uno? ... · ¿mil? ... ¿han ceñido su frente con la diadema vir- ginal, sanos ó enfermos? ....... ¡nó! ...... ¡nó! .... - Y batía las manos. Ya eran incoherentes las palabras del cura Pascual. Sus ojos estaban inyectados de sangre, sus labios secos, su respiración quemante como el vapor que despide la·brasa sumergida por instantes en el agua. Las venas de las sienes se levantaban visiblemente, y la sed que devoraba su pecho le impulsó á apurar un vaso de agua que distinguió junto al velador de la cama. - Este será un frag.o que alargue la vida; - dijo tomando el vaso con sus temblorosas ,manos y lle-' vándolo á los lábÍos apenas pudo beberlo en medio de ese castañeteo que produce el modmiento con– vulsivo de los dientes sobre el cristal. Agotó la últi– ma gota, y sin alcanzar aún á colocar el vaso en su sitio, cayó al suelo lanzando un grito. Tendido cuan largo era su cuerpo, agitóse estertoroso, y un ·¡ay! ténue y final a~jó en su rostro la rigidez de la muerte. Un lego que pasaba cerca al oír la voz exánime del enfermo entró á la celda., y viendo tendido al alojado, tocó una campanilla colocada hácia la puer– ta principal, con golpes tan acelerados, que no tar– daron en presentarse varios frailes y entre ellos el Guardian. -¡Se ha insultado!-dijo uno.

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